Saliendo de Cluj, llegamos a Alba Iulia: antigua capital de Transilvania, recientemente restaurada y circundada por una imponente fortificación Vauban (en forma de estrella). Aquí es dónde, cien años atrás, los rumanos de todo el país llegaron a festejar la unión con Transilvania, en un complejo ortodoxo construido para la ocasión. Junto con la catedral católica de al lado, que data del siglo XI, y de las ruinas romanas, aún más antiguas, ofrece el fondo perfecto para las frecuentes recreaciones de batallas. Después del cambio de guardia, pasamos al gótico. Estéticamente, el castillo de Hunedoara representa uno de sus más destacados ejemplos y uno de los máyores de Europa. El día acaba en Timisoara, donde, en 1989, se encendió la chispa de la revolución anticomunista.