Cruzando por uno de los pasos más estrechos y espectaculares de los Cárpatos, dejamos Transilvania atrás y entramos en la provincia histórica de Moldova. En el populoso monasterio de Agapia, las monjas comparten su tiempo entre tejer alfombras y rezar en la iglesia antigua, decorada por el más destacado pintor rumano. En su juventud, decidió romper con la tradición orodoxa de usar el estilo bizantino para los frescos interiores. A pocos kilómetros, hacemos una ascensión de la empinada colina coronada por una fortaleza muy estratégica, cuya reputación inspiró varias generaciones de escritores. El acceso a la fortaleza se hace por un largo puente levadizo, situado a unos diez metros de altura. Por la tarde llegamos a Bucovina, región conocida por sus monasterios pintados por fuera, listados por la UNESCO. La tarde, cuando el famoso azul de Voronet es lo más vibrante, llega a ser el momento idóneo para visitar la tal llamada “Capilla Sixtina del Oriente”.